jueves, 5 de mayo de 2011

Querido blog hace tanto que no te escribo, hace tanto que no compartimos la complicidad de nuestros sueños, nuestras iras, nuestras dudas, nuestras angustias. Hace cuanto que dejamos abandonada la intimidad tantas veces acariciada tan suave como terciopelo.

Te confieso que he querido abandonarte y... tal vez lo haga, hoy solo pasaba por acá y no resistí tocar tu puerta pensando que a lo mejor ya no estás o a lo mejor te has ido. Pero no, aun te encontré con la misma vieja radio encendida, las flores aunque marchitas siguen azules en el viejo jarrón.

martes, 10 de agosto de 2010

El arte de la Resurreción- Hernán Rivera Letelier


Ganador del premio Alfaguara de novela 2010, esta novela se las trae con todas, es amena, divertida, sarcástica, humana y hasta tierna. Escritor comparado como el Gabriel García Marques y Mario Vargas Llosa chileno, nos lleva por un mundo desolado y fantástico.

Les dejo un extracto de una de las mejores partes, el antes y después de esta escena invita a comprar el libro.

Al quedar solo con la meretriz, el Cristo de Elqui, un tanto confuso, le manifestó que el aguardiente le alborotaba el chivo de una manera salvaje, mucho más que el vino. La verdad, hermana Magalena, le dijo ya de manera franca, más que alborotárselo, el agua ardiente se lo enardecía se lo encrespaba, se lo sublevaba.

-Qué le parece que hoy me deje probar su cama, hermanita, por el amor de Dios- se desfogó el Cristo de Elqui con lengua traposa.

Magalena Mercado guardó silencio.

Luego como toda hembra que sabe sacarle partido a las urgencias del macho, le dijo que le iba a pedir algo a cambio de hacérselo "de todo corazón y sin remilgos", como le había oído decir en algún momento.

Lo que la hermana quisiera bufó él.

Ella le pidió que primero le enseñara ea oración tan hermosa que le oyó decir en su casa, allá en La Piojo, el día que se quedó a dormir en la banca. ¿Se acordaba maestro?

Se lo pedía como un favor especial.

En ese momento para acostarse con ella, el predicador hubiese sido capaz de enseñarle a enumerar las catorce generaciones bíblicas, una a una, desde Abraham hasta Jesús de Nazaret, sin saltarse ninguna. !Y en hebreo si ella así lo exigía!

Sentados aún en sendas piedras, a ella le bastó oír tres veces la oración para aprendérsela de memoria. Después, con el regodeo de una niñita dando su primera lección escolar, la repitió en voz alta, sin equivocarse ni una sola vez.

Entonces se incorporó para cumplir su promesa. El alcohol parecía no haberla afectado en lo absoluto. En un escorzo de danza cubrió el rostro de la virgen con el terciopelo azul y bajó la llama de la lámpara de carburo. Luego comenzó a desnudarse. En ese momento, transfigurada por la luz de la luna, al cristo de Elqui le pareció de una belleza irreal, casi como espejismo nocturno.

Magalena Mercado se desvistió con un ritmo y una lentitud estudiada, sabia, martirizante; lo hizo sin dejar de repetir en susurros la oración recién aprendida:

- Santo Dios, Santo inmortal, Santo fuerte, Santo protector líbranos de todo mal...- terminó de quitarse el vestido de tafetán violeta-.. Verbo divino, Verbo eterno, Verbo salvador, líbranos, Jesús mío, de todo dolor...- se quitó la enagua de seda-... Si no puedo amar, que no odie...- se quitó el sostén-... si no puedo hacer, que no haga mal...- se quitó los calzones flamígeros-...que en tu gracia santificante, Señor nuestro, nos guíes con tu luz...-los dejó izados como bandera de lujuria en una perilla de su catre de bronce...Que así sea por siempre, Amén...- y tocó la campana. La tocó como si se tratara de uno más de sus feligreses.

Él comenzó a remangarse la túnica.
Ella le ordenó desvestirse completamente. Titubeando como un jovencito primerizo, él...

que se quitara también la camiseta y esos calzoncillos negros que eran capaces de matar la pasión más desmedida, le exigió ella. Se los quitó. El predicador estaba conturbado.

Nunca se había visto desnudo ala intemperie. Después ella procedió a hacerle la ablución correspondiente con el agua tibia que sobró en la tetera- ablución que no por estar en plena pampa rasa y con escasez de agua, había dejado de llevar a cabo con cada uno de sus feligreses-, y solo entonces lo autorizó a subir a su cama.

El cristo de Elqui se encaramó en el catre de bronce dando las infinitas gracias al Altísimo, pues hacía tiempo, ya no sabia cuanto, Diosito Santo, que no fornicaba con una mujer así de joven, así de bella, así de sabia para las cosas carnales, desnudo como Dios manda y en una cama con sábanas arriba y abajo. La mayoría de sus fornicaciones eran más bien trámites de emergencia llevados a efecto a orilla de un camino rural, debajo de un puente o entre las rocas de alguna playa solitaria; y siempre con la ropa puesta, sólo arremangándose la túnica y arreándose los calzoncillos negros; y las mujeres, en su mayoría, no eran sino torpes empleaditas domésticas que olían a fregadero, o acólitas con cara de rana, carnes fofas y un olor a cirio derretido saliéndose por cada poro del cuerpo (aunque él no olía precisamente a nardos, el hedor de su cuerpo de profeta caminante era para éstas acólitas el verdadero "olor a santidad" de un elegido de Dios). Hacía tiempo, Padre Santo, que sus oídos no oían el crujir concupiscente de un somier de alambre, que sus narices no olían un perfume tan olorosito, una fragancia tan pecaminosa, demasiado tiempo que sus manos no acariciaban una piel tan suave como la de esta mujer que gemía, que chillaba, que aullaba como una posesa entre sus brazos, que se le enroscaba a sus huesos fosforescentes como una culebrita de campo, que lo arañaba, lo mordía, lo besaba, lo chupaba hasta el delirio, haciéndole sentir tal fuego entre sus entrañas , que él no sabía si se estaba quemando vivo a las puertas del infierno o estaba alcanzando las entretelas de la más alta gloria de Dios; gloria que lo hacía entender de golpe esas largas filas de feligreses aguardando como gatos flacos a la puerta de la pulpería por los favores de esa pura santa, o de esta santa puta, porque eso era esta hembra del carajo, si, Dios bendito, eso era ella: la más santa de las putas o la más puta de las santas; santa puta o puta santa que en esos precisos instantes, en menos de siete minutos, como un vértigo mortal, como un remolino de brasas removiéndole las entrañas, lo haría bufar de placer, desfallecer de placer, morir de placer, sí, Padre mío, Rey mío, Luz Divina del Mundo, apiádate de tu siervo en esta bendita y dulce hora de su muerte, amén.

domingo, 18 de julio de 2010

El pollo pe


Tal vez haya sido motivo de burla y risa el anuncio del gobierno por medio del ministro de agricultura Adolfo Córdova (sobre todo porque parecía un segmento del especial del humor) el "Día nacional del pollo a la brasa" que se celebrará con toda solemnidad cada tercer domingo de julio, fecha estratégicamente escogida para no tener conflictos con el día nacional del Ceviche.

La importancia del pollo peruano en el Perú que ha encontrado su máxima consagración en el pollo a la brasa, se debe no solo a este delicioso y triglicérico plato nacional. Si no además que ha primado su importancia en la alimentación popular. Protagonista de numerosos eventos sociales de integración, camaradería y motivo de las mas interesantes combinaciones genéticas entre la población que bajo los efectos del alcohol terminaban por amarse los unos a los otros o matarse también como no a botellazo y bala. Nos referimos a la gran pollada bailable, chupística y tonera, con la cual se han podido techar hogares, curar enfermos, viajar al extranjero y como no financiar sendas campañas políticas y de seguro también está a la espera de su día que de seguro sino es ahora sera para el 2016.

Así pues fue "la innombrable doctora de los pobres" quien popularizó al extremo estas actividades en sus programas de televisión, convirtiendo al Perú entero en una gran pollada. Y como síntoma de que la economía peruana está avanzando (si señores no se burlen el Perú avanza, unas veces de costado otras a lo Moon walker, pero se mueve) y es que el gobierno peruano ha decido como estilizando al pollito peruano declarar el "Día del pollo a la brasa" y ha decretado ofertas de 1/4 de pollo con gaseosa para todos.

Esperamos eso sí que pronto se reconozca a otras partes del pollo muy importantes en la alimentación popular como el día de la "alita broster" "el día de la mollejita" o "el dia de las hot rabadillas"

Será un largo camino por el cual nuestro amado gobierno tendrá que pasar para llenarnos el calendario con glorioso días en que distraernos, perdón para reconocernos como identidad nacional y así nos olvidemos de molestosos 5 de Junios, Cantutas, frontones y demás Putis.


miércoles, 14 de julio de 2010

La Reina de Belleza de Leenane


Me invitaron a una función de pre-estreno en el Británico, dejé la belicosidad de la semana recargada que tuve y me hundí en la butaca del asiento 8 Fila B a dos metros del escenario un viernes por la noche a las 8 en punto.

Tercera llamada y el telón se levantó, el frió se apoderó melancólicamente de mi, desde los dedos de los pies hasta la nuca, una antigua casa quien sabe si en los setentas en alguna colina del triste pueblo de Leeane, al menos así es en inverno. Una radio vieja, un fregadero, una cocina que a su vez era sala y comedor, y una anciana meciéndose en la monotonía de setenta años de escuchar las gotas destruirse contra el mundo y su tejado de calaminas tal vez.

La historia gira entre la conflictiva y enfermiza relación de Maureen (Norma Martinez) y su madre Mag (Graciela Paola Grapa), en la esclavitud de la hija al servicio de la madre por 40 años y una madre que le teme a la soledad y la muerte.

La fantasía y la realidad se harán una mezcla imperceptible que nos deparan un final para pensarlo incluso cuando ud. llegue a casa.

Con actuaciones especiales de Leonardo Torres Vilar y el polifacético Manuel Gold.

Escrito por Martin McDonagh y dirigido por Ricardo Moran.

En el teatro Británico de Miraflores informes en Teleticket.


Pd: No he vuelto, no creo que lo haga pero me volvieron esos deseos improductivos de escribir y me muerdo los dedos con cariño onanista para evitarlo. Lo estoy logrando.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Mistura Perú 2009

Me sumé a la aventura colectiva, y como un parroquiano más acepté el reto de dejarme seducir por los aromas y colores de la gastronomía de mi país. Empezó la fiesta la mañana fría del jueves 24 de setiembre con conferencia de prensa y las esperanzas puestas en el paladar exigente de sus visitantes. Hubieron bailarines, bandas, coreografías, sonrisas, turistas y muchos sueños.

La comida dejó, tal vez con el descubrimiento del fuego mucho tiempo atrás, de ser un mero rito para sobrevivir. Ahora el placer ha alcanzado en las papilas de los peruanos la locura, tanto que lo único malo de cualquier lugar del mundo fuera del Perú es su comida, con honrosas excepciones. Es pues en esta II feria internacional gastronómica la oportunidad de reencontrarnos con nuestra identidad, que derribando las fronteras naturales de los Andes y trayendo nos desde la selva, el sur, la puna, el norte y todas sus regiones y micro climas lo mas variado y exquisito de nuestra multi-étnica comida Peruana.

Mistura 2009 abre así sus puertas en el gran parque de la exposición con cuatro inolvidables días del 24 al 27 de setiembre.

¿Y tu que pretexto tienes para perdértelo?

Datos: Mistura 2009
Entrada a la feria : 20 soles.
Platos: Varian de 6 soles hasta 12 soles, gaseosas 1,5 soles, postres y dulces varían de 2 a 10 soles.
Fotos del jueves 24:


viernes, 4 de septiembre de 2009

lunes, 31 de agosto de 2009

Cartas desde el Frontón


Me ha llegado al mail una carta, que luego corroboré fue publicada en el diario La Primera, y en medio de tanto escandalete Fefer y limonadas poderosas de rico sabor, prefiero tocar este tema y voy a copiar la carta tal cual la he recibido, pues todos los días al levantarme miro la isla San Lorenzo y me acuerdo del Frontón, y siempre me acuerdo de los que votamos por el mal menor, hago pues un mea culpa ya que no soy el mismo cada día. Se los dejo a juicio de Uds solamente. Que mejor purgante que el conocimiento.

Testimonio de Rolando Echarry estudiante de Arquelogía.

La verdad oculta sobre el caso El Frontón

Rolando, de 46 años, estudiante de arqueología, actualmente en el exilio, narró su verdad. No sabemos los sentimientos encontrados que tiene por su vida política e ideológica; sin embargo, podemos notar la desolación en su resquebrajada voz y después de una breve plática, a modo de introducción, no espera la pregunta y empieza su relato…
“El 2 de diciembre de 1981 fui intervenido en mi domicilio por la Policía Técnica, lo que anteriormente se llamaba PIP, acusado de ser miembro de Sendero Luminoso, por lo tanto terrorista, y fui llevado a sus instalaciones donde me tuvieron detenido quince días. Durante ese tiempo, me golpeaban en la nuca y en la boca del estómago, obligándome a aceptar todo tipo de culpabilidad en el accionar sedicioso y mencionando apelativos de sujetos desconocidos para mí. Ante mi negativa, me pasaban electricidad por mis genitales. Después me llevaron al penal de Qenqoro, donde me torturaron durante los meses que me mantuvieron ahí hasta ser trasladado al penal de El Frontón, en el que pasé cuatro años encerrado hasta que pasó lo que pasó con la Marina. Cuando me acuerdo siento punzadas en mis piernas torturadas”.
- Usted fue específicamente detenido por terrorismo. ¿Hubo una investigación profunda que contara con pruebas de su participación en esa organización, o sólo fueron indicios?
-Pues me acusaron de pertenecer a Sendero Luminoso, sin que existan pruebas de ello. Nunca, jamás tuve participación en esa organización, pero era mi palabra contra la de la policía y lo que ellos decían era así y nadie podía contradecirlos. En la cárcel de Qenqoro estuve hasta noviembre del año 1982, cuando me trasladan con otros presos en un búfalo de la FAP, respondiendo esto al plan de concentración del gobierno de Fernando Belaunde. Es decir, todos los que estábamos presos acusados de ser terroristas deberíamos ser trasladados a nivel nacional al penal de El Frontón.
El 14 de noviembre llegué a la carceleta judicial y el 20 me llevan al penal, ingresando al pabellón Azul, previa golpiza… éramos 30 presos acusados de terrorismo y no sólo nosotros fuimos víctimas de abuso, también nuestros familiares. Sabe, organizaban planes de aniquilamiento en nuestro pabellón, primero aparecieron dos presos envenenados, luego dos con disparos de balas hechos por los guardias republicanos y diversos heridos… y eso no es imaginación como argumentaron en su defensa los implicados, todo lo que le digo consta en las fichas forenses y las denuncias hechas por presos y familiares. Como denunciábamos todos estos abusos llegaron hasta el punto de recortarnos el agua durante seis meses, ¿sabe Ud. lo que eso significa para gente que vive en condiciones denigrantes?, sin embargo lo aguantamos. Entonces pasaron a recortarnos la visita y hostigar a nuestros familiares, eso significaba recortar los alimentos que nos traían y que preparábamos nosotros mismos aunque sea solo camote y ají amarillo, porque los republicanos solo nos daban cebo con agua.
El 4 de octubre de 1985 se suscita la matanza en Lurigancho donde mueren quemados 35 presos en el Pabellón Británico. Como duró todo el día el asalto a ese penal, ya no tuvieron tiempo para ir al Frontón, además de que la opinión pública estaba al tanto de lo que sucedía y no querían complicarse con otro asalto. Nunca cesaron los hostigamientos a nuestros familiares y lo peor fue que la Republicana permitió el ingreso de gente de inteligencia de la Marina, que cometieron torturas con los presos, incluso dos de ellos perdieron la vida y lo pasaron como que murieron en una reyerta.
-Estas torturas ¿fueron denunciadas ante las autoridades?, ¿existe prueba de ello?
-Mucho más que pruebas de hostigamiento, abusos y torturas, existen fichas forenses de los muertos. Por todo esto presentamos denuncias, Hábeas Corpus; sin embargo, nunca fueron aceptadas. Al contrario, argumentaban que sólo eran para llamar la atención.
-¿Cómo ocurre la incursión de la Marina en El Frontón?
-Los días 18 y 19 de junio de 1986, justo cuando se efectuaba un congreso en Lima de la ­nternacional Socialista, los presos del pabellón azul buscaban el cese de las torturas, amenazas y una investigación respecto a la masacre de Lurigancho, porque se conoció que la Internacional se había comprometido con Alan García para intervenir los tres penales, Santa Bárbara, Frontón y Lurigancho, en una lucha conjunta por la defensa de la vida de los presos políticos. Ya con el antecedente del 85 y la negativa de las autoridades, los presos del pabellón Azul, con la finalidad de ser escuchados, tomamos tres republicanos de rehenes y nos encerramos todo el medio día, hasta que llegó la Comisión de Paz, que con un megáfono trataba de disuadir los reclamos y pedían que nos rindamos. Todos estábamos en el interior del pabellón y, a pesar de la seguridad, logramos entregar un documento con once puntos y solicitamos la presencia de abogados y periodistas como veedores de las negociaciones.
Pero mientras nos mantenían entretenidos con las negociaciones, la Marina de Guerra estaba trayendo en helicópteros tropas que las bajaban en medio del cerro, en la canchita de fútbol, y bajaban los oficiales camuflados con chalecos antibalas y luego los de la FOES. Cuando ya habían terminado de bajar los de la Marina, la Comisión de Paz se retiró diciéndonos que analizarían nuestros reclamos y comprometiéndose en la defensa al derecho de vida.
Ahí nos dimos cuenta de lo que se nos venía encima. Tarde fue nuestra reacción. A las 5.30 p.m. aproximadamente ya la Marina se encontraba dentro del penal, habían ingresado por los baños, algunos presos corrían desesperados buscando en vano ocultarse en algún lugar que los proteja de las balas, otros se arrodillaban en las esquinas y lloraban como niños desvalidos, no faltó uno por ahí que con gritos y lisuras quiso imponer dureza ante lo que se avecinaba, mientras que yo que me encontraba apostado en una ventana cuya visión daba a los baños, miraba atontado como los marinos preparaban y elevaban sus FAL. Casi a las 6..00 p.m. un compañero conocido como Tulich Morales apretaba sus manos en los barrotes de las ventanas mientras gritaba desesperado pidiendo que no nos mataran… fue el primero en caer con los primeros disparos, ocho balas le cercenaron la mano y le quitaron los gritos de auxilio de su boca, a pocos metros cayó otro preso. No sabíamos donde correr, tratábamos de protegernos con lo que podíamos y detrás de las paredes, así siguieron los disparos hasta las 8.00 p.m. No sé como nadie se alocó con la desesperación, cuando pensamos que los disparos habían cesado un ruido fuerte nos hizo saltar en simultáneo porque vimos como voló la parte posterior del pabellón abriéndose un boquete que permitió que el segundo piso se viniera abajo aplastando cuatro presos, y los que cayeron del piso de arriba con la explosión, unos se metieron abajo y otros salvaron en la rampa hecha con el techo caído.
Los que quedaron arriba corrieron a los baños para protegerse, mientras los marinos se ponían en línea y empezaban a disparar, algunos presos defienden la parte del boquete lanzando restos de ladrillos, mientras que otros traían cilindros de agua y catres para bloquear la parte caída del techo; el pabellón parecía vacío y los marinos empezaron a rampar en su afán de tomarlo y para eso iluminaron el interior apuntando con sus fal, yo me encontraba escondido con otros cinco detrás de una pared, pudimos ver a Mantilla parado en el tanque de agua, protegido con un chaleco antibalas de color mostaza, cafarena color ocre y su casco color del chaleco, pero no solo lo vi yo, también lo vieron los demás presos porque empezaron a gritar que ahí está Mantilla (Agustín) y lo insultaban, llamándolo “asesino”.
A las 10.00 p.m los marinos, impotentes por no poder tomar el pabellón, lanzaron gases hacia el segundo piso donde estaban los presos en los baños y la cocina. Todo se llenó de gas y aprovecharon los de la Marina para subir por la rampa y apostarse en espera que los compañeros salgan a retomar el pabellón una vez disipado el gas; cuando salen de los baños y la cocina los esperaba una ráfaga de balas donde caen siete. Los demás prefieren retroceder y quedarse ahí, luego la Marina baja la rampa para seguir atacando el primer piso, donde nuestros compañeros muertos nos sirvieron de escudos, no sé cuantos murieron, solo los veía regados en el piso, unos con la cabeza reventada y otros hasta desfigurados por la balas. A lo lejos entre disparo y disparo a órdenes del jefe de esta acción, Luis Giampietri, las paredes del pabellón Azul fueron voladas con lanzacohetes y se hizo un boquete con la explosión donde mueren tres presos más. A esos sí los vi caer, porque entre ellos estaba mi coacusado Óscar Chullunqui Prada, con el cráneo destrozado en el lado derecho. Por el boquete abierto en la pared meten un cañón y comienzan a disparar al techo de la cocina del segundo piso, donde ya estábamos hacinados la gran mayoría. La balacera fue hasta las 3.00 de la madrugada, hora en que hacen el relevo de Luis Giampietri a (Juan) Vega Llona.
En ese lapso siguen disparando con el cañón y logran hacer un forado en el techo, la desesperación hizo que abriéramos un boquete por la pared de la cocina que da al pasadizo, pero antes de que logremos pasar al otro lado un disparo de cañón entró y mató a ocho. Yo y otros presos solo nos tiramos al suelo. Después quisimos pasar, pero el cuerpo destrozado de un joven puneño de sólo 17 años -¿se da cuenta? solo tenía 17 años y estaba preso por que dicen era terrorista-, impedía el ingreso por el boquete por lo cual lo jalamos para poder entrar, al no conseguirlo un grupo de quince presos aproximadamente intentaron retomar la cocina pero se encontraron en la puerta con las balas asesinas que los mataron a mansalva. Para ese momento ya habían cercado todo el pabellón Azul y disparaban a matar hacia la cocina donde nos replegamos casi todos.
-¿Durante toda la balacera estuvieron presentes Agustín Mantilla y Luis Giampietri?
-Claro, a Mantilla no sólo lo vi yo, lo vieron todos los presos, protegido con chaleco y escoltado por algunos marinos en el tanque de agua. Y a Giampietri también, luego le narro cómo.
Las horas se nos hacían interminables, cada disparo era un segundo menos de vida que nos quedaba y también un preso menos. Entre las 6.00 y 11.00 de la mañana, como consigna de culminación y bajo la órdenes de recuperar el principio de autoridad en el penal a como dé lugar y sin importar las consecuencias, los FOES se subieron al techo e hicieron un forado, para lanzar a mansalva granadas, eso fue lo último, unos murieron y otros caímos heridos, yo tenia la pantorrilla derecha completamente destrozada, luxaciones en los brazos y golpes fuertes en mi cuerpo. Como pude me quité el pasador del zapato y me hice un torniquete para parar la hemorragia.
Las granadas, unas tras otras, seguían invadiendo el pabellón, y también unos tras otros seguían cayendo presos destrozados, yo me cobijé debajo de mis compañeros muertos y así rampé hasta buscar un lugar donde protegerme. Una granada explotó en la puerta y las esquirlas se incrustaron en mi espalda mientras que a otro compañero una madera grande se le incrustó en su pulmón. El dolor era insoportable pero no quería gritar para evitar que me escucharan y me dispararan, luego se me nubló la visión, me senté y perdí el conocimiento. Cuando desperté ya era casi la 1.00 de la tarde, porque otro preso llamado Nelson me echó agua desesperadamente, me sentía débil había perdido sangre a pesar de estar con torniquete, tenia sed y el compañero me ayudo a beber agua, me dijo que algunos habían logrado salvarse y que estaban echando agua a todos los cadáveres para que no fueran quemados, porque los compañeros del primer piso habían sido rematados.
A los pocos minutos apareció el delegado del pabellón, era un trujillano que estaba buscando sobrevivientes, me dijo que saldríamos directo a enfermería y le dijo a Nelson que me ayude. No sabe, salimos por encima de los cadáveres destrozados, se me hizo difícil pasar el boquete del primer piso, por lo que empecé a arrastrarme siendo visto por un soldado, que me ordenó echarme de bruces, pero no podía por las esquirlas de la espalda, acercándose otro oficial que me puso el pie en el pecho obligándome a obedecer en medio de gritos de dolor y punzadas en la espalda, me volteé de costado y el oficial me cogió por los cabellos y me levantó la cabeza mirándome y diciendo: “se nos adelantaron porque este trabajo era para nosotros”. Todos los que logramos sobrevivir del segundo piso salimos, menos el trujillano que después apareció decapitado y sin corazón.
Mientras salíamos éramos apuntados y uno fue rematado porque intentó correr hacia el medio del patio, nos arrastramos hasta la pared de prevención y los marinos empezaron a separar a los presos que iba señalando un “soplón” y llevados atrás del pabellón, hacia los unipersonales que daban a la playa donde fueron asesinados de cinco en cinco.
Yo también fui desvestido y casi iba a ser asesinado, pero el “soplón” que estaba con pasamontañas se retractó y dijo “no jefe, él no es” y así como yo a los 37 que no fuimos ajusticiados nos trasladaron a prevención, aislándonos, prohibiéndonos las visitas y las entrevistas de los abogados, de la mentirosa Comisión de Paz, menos de la prensa. Todos los que sobrevivimos fuimos víctimas de torturas, unos cortados sus dedos, otros pasados con corrientes en las fosas nasales, yo fui hincado con un cuchillo en los genitales, aún tengo las huellas, mientras me retorcía en el suelo por el dolor en mis genitales, apareció Luis Giampietri y, como me encontraba a un costado de la puerta, empezó a patearme en la cara y en la cabeza, al ver mi espalda ensangrentada por las esquirlas también me propinó patadas en la zona. Cansado de patearme, me cogió de los cabellos y me golpeó la cabeza en las puerta que era de fierro, preguntándome mi nombre. Ante cada grito mío era una chancada en la puerta… no lo puedo olvidar, su rostro es inolvidable, como también lo son los cuerpos destrozados y mutilados de los presos del pabellón Azul, la desesperación de todos por salvar sus vidas ante las feroces embestidas de los marinos, que nos tenían cercados en el interior del pabellón.
Si Giampietri no ordenó rematarnos fue porque gente del Inpe y algunos familiares declararon que había sobrevivientes y porque no tenían pruebas de que todos eran terroristas. Nunca fui terrorista, la Comisión de la Verdad y Reconciliación me dio la razón. Hoy estoy lejos de mi país, de mi familia, solo y protegiendo mi vida y mi testimonio, que debelará la responsabilidad de quien hoy es el gran vicepresidente del Perú.
Consternados y sorprendidos ante el testimonio de Rolando Echarry, no encuentro frases para concluir este artículo, ni mucho menos para calificar los hechos producidos, por lo tanto, amigo lector, que el Perú entero y la justicia divina juzguen y castiguen a los responsables. No podemos exigir que se cumpla con las leyes de la justicia peruana, cuando la tomamos con nuestras propias manos.