El sol es fuerte, Copacabana despertó con nostros llegando, las maletas quedaron en el piso y un fuerte abrazo con un beso en cada mejilla nos recibió en un departamento del segundo piso cerca de la playa de arenas blancas y cremosas cual si fuera un enorme helado de vainilla desparramado en la orilla. Salimos a las calles, los enormes edificios, la gente sonrriente, el sol orgulloso, la brisa fresca y el sonido inconfundible tras cruzar la avenida Atlántica nos alcanzó trayendo la quietud de sus olas. Era pués hora de tomarse un jugo de Azaid antes de correr como niños por toda la playa.
Fueron días de muchas aventuras, de conocer a mucha gente, el mundo se había reunido en la calle, en los restaurantes, en las plazas, en el metro, por la noche, por las fiestas, por donde mirásemos ella y yo nos sentíamos parte de esa masa feliz de gente, de ese conglomerado multicolor de nacionalidades e idiomas cantándo y bailando al unísono la alegría del Carnaval.
Pero les dejaré un video de fotos y recuerdos mientras oyen la canción que me roba el aliento que acelera los latidos de mi corazón nostálgico.
Ahora sé que cuando miro por la ventana de mi casa al sol acostarse en el mar, es porque ha viajado desde el otro lado del continente, ahora sé que ese mismo sol ha bañado el Atlántico primero y que fué allí donde me he bañado yo, y ahora se va a dormir frente a mi casa, pues vivo mirando el Pacífico, o será que de verdad existe O segundo Sol .